Los tiempos habían cambiado, Santiago ya no era el mismo de hacía catorce años. La pequeña tienda de Daniel había sobrevivido a duras penas al avance inmobiliario en el sector. Las grandes corporaciones se volvían cada vez más amenazantes para su amado negocio. Pero ese no fue el principal problema que Daniel tuvo que enfrentar en estos catorce años. La profecía de Ura se cumplió sin errores y a los pocos meses de su aparición, Daniel y Carmen sintieron la alegría más grande de sus vidas: el nacimiento de su primogénito y único hijo, Bastían; el mencionado heredero de las riquezas místicas de los Hohenh. Y junto a él llegaron los problemas advertidos por la entidad en años anteriores. En el mundo en que se veía envuelto el linaje de esta familia, el nacimiento fue conocido como un rumor que muchos intentaron esclarecer. Daniel, siguiendo las advertencias de Ura, memorizó cada palabra de los libros de su abuelo, lo que llevó a un drástico cambio en su pacifica personalidad. Los tiempos en que vivía despreocupado y lo más alejado posible de la magia murieron el día en que se presentó aquel ente en su hogar. Había sido asaltado por espíritus superiores en demasiadas ocasiones y tuvo que luchar contra ellos sin posibilidad de escapar. En un principio le fue extenuante el hecho de ser asediado por fuerzas lejanas a su comprensión, pero con el tiempo estas constantes batallas se volvieron una rutina. Desde que Ura invadió su domicilio, sus protecciones aumentaron en número y efectividad hasta el punto que ni el mismísimo ser que llegó hace más de una década, con la noticia del nacimiento de su hijo, pudiera cruzar. Pero pese a no haber sido fácil cuidar a Bastían de las influencias de este mundo, lo pudo hacer; acrecentando a la vez su potencial en las denominadas ciencias prohibidas.
Su hijo había crecido al margen de sus oscuros secretos familiares. Pero con el pasar de los años a Daniel se le dificulto aún más el reprimir la curiosidad de Bastían. En esos días, faltaba más de dos años para el cumplimiento de las últimas palabras de Ura, y Daniel se encontraba mucho más preocupado que de costumbre —y tenía de que estarlo—. Una y otra vez pasaba por su mente la hipotética reacción de su querido hijo al enterarse que había sido marginado de estos conocimientos por tantos años. O la postura que tomaría al ser jalado sin consentimiento a la maldición que sostenía la sangre de su familia. Y como Daniel lo pensaba, “ser el sacrificio para enmendar los errores de sus ancestros, que ya hacía siglos se habían podrido en un olvidado hoyo de Europa”. Cada día, y con más frecuencia, maldecía a sus antepasados, a escondidas, por dejarle tan pesada carga a su querido y único hijo. Pero al mismo tiempo se abastecía de nuevos libros malditos y de conocimientos que sus padres y abuelos no lograron obtener. Quiso estar lo mejor preparado para ayudar a su hijo en lo que fuese que le deparara el destino.
Bastían, por su parte, había encontrado una errónea visión del mundo de la magia. Pese a ser excluido de esos temas por su familia, hacía muchos años que era amante de lo desconocido. La fuerza de la sangre fue un factor que Daniel no consideró en sus intentos por alejarlo de su maldición. La gran mayoría de sus amigos compartían las mismas inquietudes esotéricas que él ocultaba a sus padres, y de este modo fue acercándose poco a poco a las fuerzas que su alma enjaulaba.
Como cada día al llegar a casa, luego de pasar un tiempo con sus amigos a las afueras del liceo, encendió su ordenador para seguir conversando con ellos el tema que había nacido en las aulas de clases. Y escribió en una ventana de conversación grupal:
—¡San juan es mañana!
Lestat - La belleza siempre viene con oscuros pensamientos…
“que haremos? Tendremos que hacer algo, el solsticio es solo una vez al año.”
Edgar - A la muerte se le toma de frente con valor y después se le invita a una copa.
“Hagamos las pruebas de San Juan.”
Lestat…
“Dale! Dicen que a las 12 se aparece el diablo. Podríamos esperarlo”
Bastían - El que ve no siempre cree, pero el que cree siempre ve…
“pero no aparece si lo esperas, tienes que salir justo a las 12 y lo verás pasar.”
Amy - Góticos, extraños frutos de un mundo perfecto que aún no existe…
“esa es para ver a tu futura pareja no para ver al diablo”
Lestat…
“esque yo amo a satan ”
Edgar…
“jajajaja… aparte de posero gey :P”
Para Bastían el tema en consideración era de mucho interés, había escuchado de personas que efectivamente lograron ver a Lucifer pasearse por las calles, entre otras leyendas que abundan en las historias del campo y en la boca de los cristianos. Y sus más grandes deseos siempre fueron poder verificar su existencia: tanto de Dios como del Diablo, pero la infantil actitud de sus amigos ante todo tema de conversación que expusieran le enfadaba; y tras varios minutos de comentarios sin sentido llegaron a un acuerdo puntual.
Helen - Vivir esperando la muerte constituye una existencia lamentable...
“podríamos ir al cementerio.”
Edgar…
“no es malo.
Pero como entramos? :/”
Lestat…
“Pero si es fácil
es cosa de entrar en la tarde y quedarse adentro escondido entre las tumbas cuando cierran.”
Edgar…
“ya lo has hecho?”
Lestat…
“nop
unos amigos siempre lo hacen, yo nunca he ido :/”
Edgar…
“pero no hay guardias?”
Amy…
“yo no me escondería sola entre las tumbas me da miedo. si ustedes me acompañan lo hago. ¿Pero sola?... prefiero aburrirme viendo la tele.”
Edgar…
“como no lo encontraron? aparte sueltan los perros en la noche. yo igual me quedo: no le tengo miedo a los muertos, me preocupan más los vivos.”
Bastían por ese momento se limitó a leer los comentarios de sus amigos, el chat era un desorden cuando no estaba Demian. Él siempre normalizaba todo para poder seguir una conversación agradable. Pero en su ausencia, Edgar no paraba de quejarse o tomar todo como un juego, Amy siempre le seguía creyendo cada palabra que este escribiera, Lestat disfrutaba de contradecir a todos sentenciando su opinión como la única verdadera; es por eso que solo permaneció leyendo lo que el resto escribía mientras ponía su lista de reproducción a funcionar.
Demian - Tener fe significa no querer saber la verdad.
“Perdón, estaba sirviéndome algo que comer.
¿Alguno de ustedes entendió la tarea de lenguaje?”
Bastían…
“¡AL FIN LLEGAS!
Ya me estaba desesperando con las peleas de estos dos. Es súper fácil, te mando mis respuestas al mail, ya la termine “
Edgar…
“DEMIAN!
Comida se llama ahora el porno?? ”
Bastían...
“para que no tengas que leer las idioteces de Edgar
estamos hablando de la noche de San juan :P”
Helen…
“Si, queremos ir al cementerio”
Demian…
“Pfftt… pero San juan es mañana, sin mencionar que el solsticio es en el hemisferio norte; las energías no afectan del mismo modo las corrientes del hemisferio sur. ¿Alguien se atreve a una roleada de Vampiros La mascarada? “
Bastían…
“Dónde
yo voy !!!!
*-*”
Demian…
“el que quiera ir que llegue a mi casa en un hora, hora y media máximo, y vamos.
Se aceptan hojas de personaje ya jugadas pero que no superen la séptima generación, el que tenga un “Caín” de personaje déjelo en la casa, porque el Javier si ve un personaje tan fantasioso le hará pagar con “la mano de Dios” :P.
Y traigan música, y plata para cervezas.
Yo ahora me voy a cambiar de ropa que aun ando con el uniforme xD.
Au revoir”
Bastían…
“Dale, me cambio y voy.
Tampoco me he sacado el uniforme xD
Ciao”
Bastían finalizó sesión sin leer las respuestas de sus amigos, quienes continuaron con la conversación.
No era común ver a Bastían tan apresurado para hacer sus cosas; entre todo lo heredado de su padre, tenía la calmada personalidad que le caracterizaba hacía catorce años. Pero tenía solo una hora para llegar a la casa de Demian, que vivía a quince minutos de la suya, lo cual solo le dejaba cuarentaicinco minutos para arreglarse; una tarea casi imposible para un joven de su estilo. Luego de una fugaz ducha de agua caliente corrió a su habitación para vestirse con sus mejores ropajes: sus zapatos Berluti, modelo “Black Monk-Strap”, por fortuna se encontraban bien lustrados; como no lo iban a estar, su padre odiaba ver mal lustrados esos zapatos que tan caros le habían costado para satisfacer los caprichos de su hijo, Unos pantalones de lana seda negros, una chaquetilla sin mangas de un diseño muy similar a las que se usa para la esgrima; color carmesí, una camisa negra de raso y su infaltable abrigo estilo sotana aterciopelado y de color negro; esta era la combinación perfecta de sus mejores ropas. Y ya estando vestido, en cortos diez minutos, comenzó con lo más arduo y extenuante de sus preparativos: su “ritual” de maquillaje. La estética y buena presencia eran uno de los factores más importantes para Bastían —en su oscuro círculo juvenil prevalecían estos conceptos como si de una batalla se tratase—: una vestimenta ostentosa y elegante, en conjunto de un bien labrado maquillaje facial, eran su carta de triunfo para llamar la atención de todos quienes estén en el lugar —sin mencionar su ególatra y manipuladora forma de ser—; principalmente de las amigas de Demian que esperaba conocer con ansias, y por esta razón era inapropiado salir a juntarse con sus amigos sin estar bien vestido, con una capa de polvo blanco en su rostro y un fino delineado en sus ojos que siempre complementaba con un delicado y atractivo diseño, pero esa tarde ya no tenía tiempo para crear un delineado personalizado. Y tras haber transcurrido treintaicinco minutos de la hora que tenía, se dio a la última de las fatigantes labores de antes de salir: convencer a sus padres para que le dieran permiso.
Su padre se encontraba en su estudio personal, una habitación del segundo piso de la casa en la cual tenía su gran colección de libros, mientras que su madre, a esa hora, estaba recostada descansando en la recámara. Primero pidió el permiso de su madre y, como de costumbre, fue enviado a donde su padre, él cual simplemente respondió:
—¿qué dijo tu madre?
—Dijo que no había problema, pero tenía que consultarlo contigo.
Bastían ya tenía práctica en manipular las respuestas de sus padres para su beneficio: los conocía muy bien, y sabía el cómo y qué preguntar para obtener la respuesta que deseaba.
—Desabotónate la camisa —ordenó su padre, antes de dar una respuesta.
—Lo llevo puesto, padre —respondió Bastían, enseñándole el medallón que él mismo le había regalado en su primer día de clases—. Sé que es un importante regalo de mi abuelo, y como ordenaste… nunca me lo quito.
—¿Dónde estarás? —continuó Daniel, con su habitual interrogatorio de aquellas ocasiones.
—En la casa de Demian. Si quieres, cuando llegue a su casa te llamo y hablas con su madre.
Daniel hizo un pequeño movimiento de aprobación con su cabeza.
—Pero llega temprano —sentenció, sacando lentamente su billetera—. Conozco esa cara, Toma. —Le entregó cinco mil pesos—, lo descontaré de tu sueldo.
—¿Por qué no me lo das y ya? —sugirió Bastían, mientras recibía el dinero—. Te debo casi todo el sueldo de este mes: deberás extender mi contrato para las horas después del colegio —finalizó con una pequeña sonrisa en los labios.
—vete antes que cambie de opinión, y de todos modos te pago por hacer nada. Cuando estás en la tienda, solo holgazaneas leyendo la mercancía o jugando con el ordenador.
—Sigo tus pasos papá —sentenció, sin despegar de su rostro la infantil sonrisa, y despidiese con la mano a la distancia, salió.
Luego de juntarse con su amigo y finalizar la coartada telefónica con la ayuda de la madre de Demian, quien siempre era cómplice en sus andanzas, salieron a la casa del máster*; a unas veinte cuadras de distancia, las cuales caminaron con tranquilidad, conversando de las características de sus personajes de rol para forjar una alianza en el juego.
—siento que algo no está bien —indicó Demian, cambiando abruptamente el tema de su conversación y analizando de reojo las desoladas calles nocturnas.
—Yo tengo una sensación de euforia —complementó Bastían—, desde aquella vez que perdí el control cuando nos trataron de asaltar que no me sentía de este modo.
—esa vez peleaste como una bestia, no sabia que tenias tanta fuerza —continuó Demian, sin quitar su atención de los alrededores—; pero esto es distinto, tengo un calor en el pecho y mi cuerpo quiere salir arrancando; No sé, es extraño.
—¿quieres que volvemos? Podemos ir a otro lado o jugar online toda la noche, creo que hay evento en el server* —dijo Bastían, preocupado por la actitud de su amigo.
—No es necesario —respondió, rápidamente, Demian, esforzándose para tranquilizar su cuerpo—. Además, hace mucho que no juego Mascarada y va a ir una amiga que quiero ver hace mucho.
—Vas de cacería —afirmó Bastían empujando a su amigo desde las espaldas y obligándolo a comenzar a trotar—. Espero que no sea la única mujer en la fiesta.
Demian, ya más tranquilo, igualo la velocidad de Bastían.
—Estará lleno. —sentenció, a lo que Bastían sonrió con picardía.
Las preocupaciones y las extrañas sensaciones fueron olvidadas mientras hablaban de las amigas de Demian y de uno que otro tema irrelevante que para ellos era de suma importancia.
—¡Que Demonios! —exclamó Demian, deteniendo la afable conversación y quedándose estático mirando hacia los techos de las casas, que rodeaban la pequeña plaza en la que se encontraban.
—¿Qué pasó? ¿Qué viste? —consultó Bastían, tras la repentina expresión de terror de su amigo y tratando de encontrar algo sobre las techumbres.
—No sé… creí haber visto la silueta de una persona ahí enfrente, y cuando la vi saltó sobre ese techo —afirmó Demian, exaltado y sin poder ocultar el miedo de su rostro.
Bastían soltó una breve carcajada seguida de una fugaz sonrisa, y dijo en tono de broma:
—tira los dados con dificultad nueve para su persecución.
—¡Es en serio Bastían, no estoy mintiendo! Vi algo que saltó hacia los techos. Y fíjate en el cielo, algo raro pasa —aseveró, de forma impaciente.
—¡Fue el chupa-cabras! —Continuó Bastían, alzando la voz en la última palabra, expresó una clara burla a su cobarde amigo, para luego retomar el paso y la conversación, sin poder desprender la risa de sus labios—. Vamos que ya quiero conocer a la Selene.
Demian observó indignado el dramatizado rostro que su amigo actuó para sus burlas, en realidad era más molesto para él que no le creyera más que la mofa en sí.
—Aunque no me creas sé lo que vi: sabes que desde siempre he tenido una percepción mayor a la de los demás, y ese tono rojizo en el cielo no me gusta: siento algo extraño en el aire. No sé, es como… una energía distinta a cualquier otro día.
—Debe ser por San Juan —expresó Bastían, dejando de reír al comprender, por el rostro de Demian, que su broma no fue bien tomada por su amigo y miró con más detalle el nuboso cielo nocturno encontrándose con una luna llena, levemente, enrojecida en sus bordes —.puede que tengas razón.
La luna que en el momento de salir de sus casas se veía de un blanco puro e inquebrantable, en esos momentos se comenzaba a teñir de carmesí, como si el odio y la sangre la corrompieran hasta dejar de existir. Y luego de pocos pasos en los que buscaron explicación a lo que Demian decía haber visto y la desconocida fase lunar que presenciaban por primera vez, el teléfono móvil de Bastían comenzó a sonar rompiendo el silencio de la calle que a esas horas, extrañamente, estaba despoblada.
—Es mi papá, no hables incoherencias mientras contesto. Le molesta que hablen de temas sobrenaturales.
—No te preocupes, sé que es miedoso para esos temas, mi padre es igual —respondió Demian, mientras Bastían contestaba su teléfono.
—Si, papá, ¿Qué pasó?
—vuelve a la casa. No quiero que salgas hoy—decretó Daniel, sin razón aparente.
—¿Le pasó algo a mi madre? —preguntó, alarmado, cuando en su mente recreaba lo peor.
—¡Ni los dioses lo quieran, hijo! Es solo que quiero que estés aquí. Necesito ayuda con unas cosas. Así que apúrate.
— ¡Tha!… Papá, mañana te ayudo con lo que sea, pero en serio, si ya me dieron permiso no voy a volver porque de un momento a otro se te ocurrió que regresara.
—¡Bastían no estoy jugando. Quiero que vengas ahora mismo a la casa!
—Ya, si, tienes razón. Mañana hablamos. Y castígame todo lo que quieras, de todos modos me vas a castigar al llegar a la casa: solo súmalos, y no te preocupes que estaré bien. Por lo demás, no me vayas a buscar a la casa del Demian. Salió otro panorama, ahora estamos en la calle, en dirección a donde Jorge para jugar rol. Buenas noches —finalizó la conversación y apagó el móvil, sin escuchar los reparos de su padre.
—¿Qué pasó? Y ¿Quién es Jorge? —preguntó Demian, cuando Bastían apagó su teléfono móvil.
—Ah, lo inventé recién. No me acuerdo cómo se llamaba el máster. Parece que encontraron el examen del martes; lo hubiese botado en el camino, se me olvidó sacarlo del bolso —contestó, pasándose una mano por la cabeza—. De todos modos me iban a castigar por la calificación: sumarle a eso una salida con permiso previo no será gran cosa, a lo más estaré sin internet por unas semanas.
Los jóvenes continuaron su camino conversando de lo ocurrido en clases, en especial del examen en que Bastían había obtenido un 3,5 de calificación, muy por debajo de los estándares que aspiraba su padre para él. Entre otros temas que rápidamente cambiaban sin conexión alguna, siguieron su camino, y llegaron en pocos minutos a la casa de Javier.
Al lugar ya habían llegado los otros jugadores. Javier, quien era el master y dueño de la casa invitó al grupo a pasar y luego de una breve presentación se reunieron en la mesa de comedor a jugar Vampiros La Mascarada.
Estuvieron casi cuatro horas en las que se pasaron entre vampiros, hombres lobos, cazadores, música oscura y cerveza; cada jugador sabia a la perfección la funcionalidad de su personaje, lo cual hacia más ameno el trabajo del master y mucho más fluida la crónica: haciéndoles disfrutar confortablemente de las enseñanzas de la Camarilla* y las reprensiones del Sabbat*. Entre sus expectativas no se encontraba el hecho de cambiar de juego, hasta el momento en que uno de los presentes sacó la idea indicando que ya era el día de san Juan.
—San Juan es mañana —replicó Javier, mientras lanzaba los dados para saber si la vida de Demian podría ser salvada.
—De hecho, ya estamos en San Juan —comentó Demian, mientras llenaba su rostro de alegría al ver por primera vez las tres Ankh*, indicando una tirada perfecta.
—Cuando terminemos la historia, podríamos hacer la ouija —volvió a interrumpir Diego, con una mirada retadora, arqueando la ceja y plasmando una leve sonrisa.
El grupo entero se mofó de las palabras de su amigo hasta que la historia creada por Javier finalizó, y luego de repartir los puntos de experiencia ganados la atrayente proposición de Diego fue tomada en cuenta.
—¿Sabes como se hace?... ¿En donde la podríamos hacer?... ¿La has jugado alguna vez?... ¿Queda alguna cerveza? —fueron algunas de las preguntas que en lluvia se lanzaron a la mesa.
—Las cervezas están en el refrigerador —contestó Javier, sin siquiera identificar a quien hizo la inapropiada pregunta, en comparación al tema que trataban.
—Yo nunca he jugado —indicó Diego—. Es por eso que quiero hacerla, me han dicho que si funciona.
—Yo la he hecho —dijo débilmente Fabián, al cual todos tomaron atención—, pero mi primo era el médium* —se apresuró a completar, nervioso al ver la atención que le prestaban.
—Yo puedo hacer de médium —continuó Demian, con voz oscura y una intrigante sonrisa en el rostro—, pero necesitamos en donde hacerla.
Los jóvenes entre todos buscaron en las cercanías, mostrando desde vidrios hasta cartones; Pero a todo Demian respondió “no”, gozando de su conocimiento superior.
—¿Qué tal esto? —Indicó Selene, mostrando un corta cartón y la parte trasera de su croquera.
Demian finalizó la búsqueda de sus amigos afirmando que era perfecto y, rápidamente, comenzó a tallar en el cartón piedra el abecedario, los números del 0 al 9, un “hola”, un “Si”, un “no”, un “adiós”, un sol y una luna en los extremos superiores, y por ultimo un pentagrama en el centro del improvisado tablero.
—Está listo —sentenció, inhalando y exhalando, bruscamente, por la boca—. Los que van a formar parte del vinculo que hablen ahora. —Recibiendo en coro las solicitudes—. Les advierto que al más mínimo indicio de miedo el espíritu podría entrar en ustedes: yo seré el vínculo, no el responsable de sus debilidades. —Detuvo sus palabras con una sonrisa en los labios, y mirando de reojo a su alrededor.
—No me quedare mirando —dijo Bastían de forma inmediata posando su índice sobre el pequeño frasco de cristal que usaban como vinculo.
—Yo igual —afirmó Diego en tono serio, dejando caer su índice sobre el cristal.
—Yo la he hecho —expresó Fabián, repitiendo la acción de los demás.
—Es mi croquera —dijo Selene, entre risas al posar el dedo sobre el recipiente.
—Con nosotros cinco es suficiente, los demás mirarán, si van a traer cerveza, que sea ahora —decretó Demian, gozando el liderazgo que poseía en el momento.
Javier aprovecho de traer unas cuantas cervezas mientras los demás muchachos aprovecharon de cambiar la música por una más tétrica y orquestada, y prendiendo un cigarrillo Demian continuó:
—Te invoco y te convoco, alma inmortal. Ser dimensional que obras a mi favor pido tu fortaleza y protección ante el tablero que he marcado —guardó silencio un instante, sintiendo un fuerte escalofrió que produjo un involuntario espasmo en todo su cuerpo, mientras todos permanecían en un solemne silencio continuó—. Si hay algún espíritu en este lugar que desee contactarse, ve al “si” —tras no hallar respuesta, enfocó su vista en el vínculo y murmuró—. Suelten un poco el vaso, no lo tienen que presionar. —Para luego repetir—. Si hay algún espíritu en este lugar que desee contactarse, ve al “si”.
Luego de reiterar por tercera vez la misma frase, un leve movimiento del vaso provocó que todos los presentes exclamaran del asombro y la emoción.
—Es muy débil —sentenció Demian, al ver el costoso movimiento del vaso—, tendré que fortalecerlo. Espíritu que has respondido a mis plegarias, te despido por este instante —dijo forzando el movimiento del vaso hacia el adiós, para luego separar el vínculo del improvisado tablero, girándolo a la vez y volviéndolo a su posición.
—¿que vas a hacer? —Preguntó Bastían, al ver que su amigo tomó entre sus manos el corta cartón.
—Fortalecer el vinculo —respondió, moviendo la hoja de la navaja hacia fuera de la protección del plástico—, faltan energías —dijo haciendo un leve corte en el dedo índice de su mano derecha—. Con esto bastará —afirmó, marcando tanto el tablero como el baso con su sangre.
Y como en un principio, los cuatro posaron su dedo sobre el manchado vaso y volvió a repetir la plegaria, esta vez hallando respuesta con solo una consulta. El vaso se deslizó lentamente por el cartón deteniéndose sobre el “si”. Todos los presentes lanzaron, en coro, un suspiro de asombro. Y Demian pregunto:
—¿Cuál es tu nombre?
M.A.R.T.A. indicó, de forma pausada, el vínculo sobre el tablero mientras todos coreaban en voz baja las letras que mostraba.
—¿Qué haces aquí? —consultó, siguiendo su papel de médium, mientras Javier trataba de ocultar su miedo e incredulidad.
“N.i.e.t.o”, volvió a apuntar lentamente el tablero.
—¡Abuela! —exclamó del asombro Javier, prendiendo nerviosamente un cigarrillo.
Todos sus amigos le miraron al escuchar su grito, y el vaso, en un fuerte y rápido movimiento, se posó sobre el “si”, en el momento en que nadie veía en dirección al tablero.
—Es el nombre de mi abuela que murió hace tres años más o menos, en la pieza que yo uso ahora —explicó a los demás con los ojos abiertos casi cómicamente.
—Pregúntale lo que quieras saber —indicó Demian, volviendo a concentrarse en el tablero.
—pregúntale ¿Qué hace todavía aquí? —dijo Javier, consumiendo casi la mitad del cigarrillo en una aspiración por los nervios.
El vínculo se deslizó suavemente por el tablero; C, I, E, R, R, E, N, L, A. Repitiéndose constantemente.
—¿Cerrar qué? —consultó Demian, lo cual fue respondido con la misma palabra una y otra vez—. Es mejor que dejemos esto —dijo a los demás, luego de sentir una fuerte presión en el pecho y un nuevo escalofrió, más fuerte que el anterior.
—Olvídalo —respondieron sus amigos, indicando distintas escusas para no finalizar la sesión.
Un rápido deslizar del vaso, produjo que Selene y Diego resbalaran sus dedos soltando el vinculo.
—¡Demonios! —exclamó el médium—, rompieron el vinculo —dijo al percibir extraños movimientos circulares, cada vez mas veloces, sobre el tablero— Bastían, saca el dedo… cerraré esta cosa —indicó, en el momento exacto en que el vaso se detuvo sobre el “Adiós”.
Un pequeño silencio de miradas cruzadas se apodero del lugar luego de que el tablero se estabilizara. Demian trató de forzar el movimiento del vaso, para cerrar el vínculo, pero sus intentos fueron en vano, pese a usar toda su fuerza el vaso no se movía de su posición.
—No juegues —dijo uno de los presentes, al ver al médium esforzándose para sacar el vaso del tablero.
—¡No se mueve! —enfatizó, intentando moverlo con las dos manos.
El resto de los presentes también trataron de ayudar a mover el vínculo que se encontraba pegado en el adiós, sin poder sacarlo de su posición. Un fuerte deslizar del vaso hizo que todos lo soltaran al mismo tiempo, y sin contacto alguno con los presentes, se comenzó a mover de forma circular sobre el tablero, hasta detenerse sobre la letra “P”. Los jóvenes dieron un paso para alejarse de la mesa al ver el espontaneo movimiento, mientras el vínculo volvió rotar haciendo círculos, para detenerse de vez en vez y volver a su recorrido, hasta formar la palabra “Púdranse”, y finalizar en el adiós.
El grupo cruzó miradas entres sí ordenándose a acercarse al tablero sin siquiera hablar. Sus miradas bastaban: el miedo se podía leer en los ojos de cada uno de los presentes, y luego de un momento Bastían dio un paso en frente.
—Hay que temerle a los vivos no a los muertos —dijo, auto infringiéndose valor, mientras sacaba sin problema alguno el vaso de sobre el cartón—. Ven, no fue gran cosa
Un fuerte viento cerró de golpe la puerta de entrada en el momento en que Bastían tomó en su mano el vaso. Los temerosos adolescentes saltaron en el lugar que se encontraban al escuchar el portazo y Bastían dejo caer el vaso antes de lograr posarlo sobre la mesa, produciendo un agudo ruido al quebrarse. Por segunda vez los jóvenes saltaron de miedo, para luego reírse de su infantil forma de reaccionar.
—Fue solo el viento… y el vaso —dijo Javier, con una nerviosa carcajada.
Un nuevo estruendo, esta vez desde la planta alta, les hizo enmudecer y se quedaron mirándose unos a otros esperando que alguno se atreva a ir en busca de respuestas o alejarse de esa casa. Dos nuevos ruidos similares a los pasos de un robusto hombre hicieron que corrieran aterrados hacia la puerta de entrada, y cuando pudieron abrir la puerta de la casa sintieron un fuerte temblor de la tierra que movió todos los objetos, y nuevos ruidos de quebrazón de vasos los hizo correr a toda velocidad hacia la plaza de enfrente de la casa.
El movimiento de la tierra cesó, aliviando en parte los miedos del grupo de amigos.
—Fue un temblor —musitó aliviado en una exhalación de aire Bastían—. Si que nos ha asustado —rio, nerviosamente, negándose que lo vivido tenga causas sobrenaturales.
—Sí, tienes razón, solo fue un temblor —indicó Javier, auto convenciéndose de que lo fuese—. Mejor entremos por unas cervezas y la tomamos en el jardín.
El resto de los jóvenes asistieron y caminaron detrás de Javier y Bastían. Demian, por su parte, no se atrevió a volver a entrar, guiado por su aguda sensibilidad se concentro en la luna, que se encontraba bañada de un rojo oscuro, carmesí.
—Así es que esto es la luna roja —susurró, sin quitar sus ojos de la casi imperceptible luna oscurecida.
En el interior de la casa estaba todo en calma, pese al desorden provocado por el temblor, Bastían se limitó a tomar las botellas que rodeaban la mesa y así salir lo más rápido posible de aquella casa. Pero al tomar una de las botellas, que aún tenía cerveza en su interior, nuevos pasos se escucharon, esta vez con mas fuerza, bajando las escaleras. Un viento frío nació desde aquella posición arrastrando las hojas de personaje que aún se mantenían en el mesón.
Javier, ante tal espectáculo corrió velozmente guiado por el temor, dejando a Bastían detrás. El cual no pudo hacer nada más que mirar como ante sus ojos se formaba una oscura figura entre las sombras.
—¡Bastían ven corre! —gritó Javier, desde la puerta de entrada.
Pero su amigo no hacia caso, parecía como si no pudiese escuchar sus desesperados gritos, pese a la corta distancia.
—¿Qué haces aquí? —increpó, con una oscura y severa voz, exigiendo una respuesta rápida.
La sombra se acercó a él, pero el miedo ya no existía en su mirada. Su cuerpo adoptó una amenazante postura y su rostro, desfigurado, enfocaba la ardiente mirada en un punto efímero del espectro,
—¡Responde! —ordenó hacia la oscuridad, de tal manera que pareció sacar una voz doble.
Demian dejo de concentrarse en la luna al ver salir a sus amigos horrorizados y que entre ellos no estaba Bastían. Corrió hasta la puerta y al ver que la sombra se acercaba a su petrificado amigo se aferró a las pocas agallas que le quedaban y continuó a su máxima velocidad para sacarlo del lugar.
—¡Salgamos rápido! —gritó al no poder mover a Bastían, aterrándose al cruzarse con su mirada.
—No te metas Demian —sentenció, lanzándolo contra el muro, de un simple empujón—, esto es entre este maldito y yo.
—¡De que mierda estas hablando! —exclamó, dando un fuerte puñetazo en el rostro de su amigo.
Bastían hizo caso omiso al fuerte golpe, que pareció no afectarle y avanzó dos pasos hasta encontrarse frente a frente con la aparición que ya tomaba una forma casi humana.
—Conoces mi nombre, y aun así te atreves a desafiarme —expresó de forma arrogante.
La desfigurada aparición creció en porte ante las palabras de Bastían y, sollozó con una gutural voz psicofónica, formada de mil de voces.
—Aún no eres tú.
La sombra lanzó un oscuro ataque, que parecía un puñetazo, al pecho de Bastían.
Demian, quien se encontraba aún junto a su amigo, se interpuso recibiendo de lleno el golpe que cruzó hasta sus espaldas, de forma espectral.
—¡Te he dicho que no intervengas, Demian! —enfatizó Bastían, disgustado y viendo fríamente a su amigo mientras este se retorcía de dolor.
—no puedes hacer nada contra esto. Por Dios. Reacciona —dijo, apagando su voz al desplomarse contra el piso.
—¿Dios? ¡yo soy Dios! —exclamó con voz tronante, reprochando las palabras de su amigo, y tomándolo con su mano antes de caer lo lanzó contra un sofá a unos metros de distancia.
—Por mi señor Bel, morirás —espetó la aparición, lanzando un nuevo golpe, el cual no pudo tocar el cuerpo de Bastían.
Una oscura risotada invadió el lugar, mientras Bastían se preparaba para dar un golpe que parecía estar enfundado en fuego.
—¡Púdrete maldito legión! —increpó, con la voz distorsionada, asestando con su golpe en la parte alta de la oscura figura. Haciéndola desaparecer al instante.
El rostro y cuerpo de Bastían se calmó por completo al eliminar el ente, y desorientado se acercó y apoyó a Demian, para sacarlo del lugar.
Ya estando a las afuera de la casa, sus pasos fueron detenidos por una anormalidad. Un rojizo resplandor cubría el oscurecido cielo. La luna estaba teñida en sangre, a punto de desaparecer como si se tratase de un eclipse. Pero no lo era. Simplemente adoptaba un tono más sangriento con el pasar de los segundos. Por unos instantes el espectro invocado por la ouija pasó a un segundo plano; pero al sentir un nuevo estruendo desde dentro de la casa volvió a ser prioridad.
—¿Que haremos con esa cosa? —Preguntó Demian, con la voz agitada y nerviosa, retornando a la conciencia y al dolor—. Yo fui el que lo llamo… nunca debimos jugar con los espíritus —continuó, costosamente, mientras trataba de caminar por cuenta propia.
—¿con qué cosa? —respondió Bastían a su amigo, completamente perdido de donde se encontraba, sin saber que había ocurrido en el lugar.
—Bastían —Se escuchó a la distancia.
Era la voz de Cristian. Quien con el tiempo se había convertido en el mejor amigo de su padre, pese a ya no trabajar en la tienda mantenían un muy cercano contacto.
—¿Qué hacen aquí a estas horas? —consultó al acercarse al grupo.
—Vemos la luna roja—respondió sin quitar sus ojos de la luna.
Era la única respuesta que podía dar, no recordaba en lo absoluto lo ocurrido los últimos minutos. Y si lo hubiese recordado, la respuesta seria la misma: si su padre se enteraba de lo que pasaba, lo hubiese castigado severamente. Conoce el comportar de su padre ante esos temas, así como también su extremista reaccionar.
—¡Ahí viene!—exclamó Selene, aterrada, luego de escuchar un ruido de alguna parte de las cercanías.
—¿Quién? —Consultó Cristian.
—El demonio —respondió Demian, con voz débil pese a usar todas sus fuerzas.
Una casi fingida carcajada desprendió Cristian antes de responder.
—El demonio no existe.
—Ve a verlo con tus ojos —dijo Javier, indicándole que entrase al lugar.
Cristian continuando con una mascara de incredulidad ante los jóvenes, ingresó a la casa prendiendo las luces, que se encontraban apagadas, cerró la puerta a sus espaldas y luego de unos instantes volvió a salir.
—Aquí no ahí nada más que los restantes de una buena fiesta, y esto que estaba botado entre las botellas —dijo mostrando la ouija entre sus manos—. Es un interesante juego para San Juan, pero se adelantaron un día —finalizó sonriendo.
Mientras la luna volvía a reaparecer con un leve difuminado, lo cual daba la certeza de que no se trataba de eclipse o algo por el estilo. Los jóvenes aún choqueados por los acontecimientos que presenciaron, se acercaron con cautela para cerciorarse que aquel ser ya no se encontraba en el lugar.
—Toma —dijo Cristian, a Bastían entregándole el tablero.
—Quédatela, no quiero esa cosa cerca —respondió dejándola caer.
Cristian levantó el tablero limpiándole la tierra.
—¿Están seguros que no la quieren? Les puede servir para jugar otra vez. Y no te preocupes, no le diré a tu padre que estabas jugando con esto: se como se comporta con estos temas. Es mejor guardar el secreto. —finalizó guiñando el ojo.
Como ninguno de los jóvenes quiso acercarse al tablero, Cristian decidió quedarse con el, mientras el resto de los jóvenes se agruparon para comentar lo sucedido sin entrar a la casa, mas que solo para sacar las cervezas que aún estaban guardadas en el refrigerador y sobre la mesa del comedor, llamó a Demian para conversar en privado.
—Dime, ¿Qué pasó aquí? —ordenó Cristian, mientras Demian costosamente se le acercaba.
—Dime tú lo que esta ocurriendo —exigió, desafiante a la pregunta de su vecino.
—Responde cuando te hablan —agregó Cristian, con voz de mando—, o no te ayudare con la maldición que te aqueja.
— tú no eres un simple hombre que pasa por aquí a estas horas, te he visto en muchas cosas raras y he sentido grandes energías desde tu casa. Estoy seguro que has venido sabiendo que algo extraño ocurría —manifestó Demian, aseriando su mirada y tratando de incorporarse en una posición desafiante.
—Que impertinente —alegó Cristian, exhalando aire abruptamente antes de completar—. Como bien te indican tus presentimientos, vine por que ustedes han cruzado una línea peligrosa: estas son cosas con las que no deberían jugar —movió la ouija en el aire, con actitud de reproche.
—¿Qué mierda fue todo eso? —preguntó Demian, enfatizando en cada palabra, como si ordenase que le respondiera.
—Que molesto —afirmó de forma despectiva, posando su mano sobre la frente de Demian—. Ya veo —continuó luego de unos segundos—, les tomo por sorpresa un legión —y soltando aire, como si tratase de reír—. Y tratando de salvar a Bald-Bastían, obtuviste esa marca en el aura. No era necesario, tus recuerdos no me dicen mucho luego de ese instante pero puedo deducir la mala suerte de ese diablillo.
—¿De qué hablas? —interpeló, enfatizando con más fuerza en su pregunta al haber recuperado sus fuerzas, por completo, y sanado del dolor que sufría.
—Podrás conocer los detalles con el tiempo —respondió Cristian, suavizando su voz—. Sé que eres uno de los mejores amigos de Bastían, es por eso que lo estoy comentando contigo; por eso y porque has nacido con una facultad que no todos tienen —continuó sonriendo—. En un tiempo más podrías saber mejor de lo que estoy hablando… tu potencial es grande, pero tus conocimientos son básicos en el tema. Pese a tener la fuerza necesaria para controlarlos eres un completo ignorante en ese sentido.
—¡¿Qué tienes que ver con Bastían?! —preguntó, exaltándose aún más al tomar esas palabras como un insulto.
—No te lo puedo decir. Solo puedo advertirte que no vuelvan a jugar con estas cosas, y mañana en la madrugada ni se les ocurra entrar al cementerio como lo están planeando. Hablo contigo porque tienes una opinión de peso en tus amigos debido a tu personalidad, y porque comprendes el peligro que acciones como estas conllevan.
—Responde a mis preguntas o seré el primero en dar la idea de ir al cementerio y volver a tallar un tablero —amenazó, con una actitud maligna un tanto dramatizada.
Una pequeña risa nació del aire exhalado por Cristian antes de contestar:
—Eres muy cercano a Bastían y por eso sus hilos fluyen en una corta distancia. Te ofrezco esto. —Se detuvo como si pensara más a fondo sus palabras—… te ofrezco los conocimientos que puedan controlar tus fuerzas, pero a cambio deberás alejar a Bastían de toda situación que lo acerque a estos ámbitos. Si aceptas te diré las razones de todo, si no… recordaras lo ocurrido esta noche como un extraño sueño producido por el alcohol o una muy buena crónica de rol.
Mientras su conversación continuaba la luna comenzó a brillar más blanca que de costumbre. Los jóvenes habían retomado su crónica de rol, y continuaban la velada como si nada hubiese pasado. Los miedos al ente que causó estragos por un momento en la casa de Javier habían desparecido de las mentes de los presentes. A esas alturas, solo Demian y Cristian lo recordaban como realidad.
—Podrás hacer esto y más —le tentó, dando a entender que la tranquila actitud de sus amigos fue causada por él—. Si aceptas entraras a un mundo que solo pocos conocen: un mundo infinito, fascinante y misterioso. Aprenderás de mí y seguirás mis reglas. Olvidaras para siempre tus miedos al ver una sombra en medio de la calle que desaparezca de un salto por los techos. Podrás protegerte, tanto a ti mismo como a tus amigos, de cosas como las de hoy; Serás lo más cercano a un dios, ante los mortales; solo debes negarte a los deseos de Bastían por su bienestar futuro, y cuando llegue el día caminaran juntos al destino de los dioses.
Demian parecía hipnotizado por las palabras de su vecino, y mientras pasaban por su mente infinidades de fantasías y avaricias, simplemente respondió:
—Hecho.
Dejando en claro seguir sus reglas a cambio del conocimiento prometido.
Cristian, por su parte, miró satisfecho a su nuevo discípulo y luego de indicarle que regresara a jugar como si nada hubiese pasado, regreso por el mismo camino por el cual llego, dejando en los bolsillos de Demian un pequeño papel que decía:
“Mañana a las 22:47, en mi casa. Se puntual”
Su hijo había crecido al margen de sus oscuros secretos familiares. Pero con el pasar de los años a Daniel se le dificulto aún más el reprimir la curiosidad de Bastían. En esos días, faltaba más de dos años para el cumplimiento de las últimas palabras de Ura, y Daniel se encontraba mucho más preocupado que de costumbre —y tenía de que estarlo—. Una y otra vez pasaba por su mente la hipotética reacción de su querido hijo al enterarse que había sido marginado de estos conocimientos por tantos años. O la postura que tomaría al ser jalado sin consentimiento a la maldición que sostenía la sangre de su familia. Y como Daniel lo pensaba, “ser el sacrificio para enmendar los errores de sus ancestros, que ya hacía siglos se habían podrido en un olvidado hoyo de Europa”. Cada día, y con más frecuencia, maldecía a sus antepasados, a escondidas, por dejarle tan pesada carga a su querido y único hijo. Pero al mismo tiempo se abastecía de nuevos libros malditos y de conocimientos que sus padres y abuelos no lograron obtener. Quiso estar lo mejor preparado para ayudar a su hijo en lo que fuese que le deparara el destino.
Bastían, por su parte, había encontrado una errónea visión del mundo de la magia. Pese a ser excluido de esos temas por su familia, hacía muchos años que era amante de lo desconocido. La fuerza de la sangre fue un factor que Daniel no consideró en sus intentos por alejarlo de su maldición. La gran mayoría de sus amigos compartían las mismas inquietudes esotéricas que él ocultaba a sus padres, y de este modo fue acercándose poco a poco a las fuerzas que su alma enjaulaba.
Como cada día al llegar a casa, luego de pasar un tiempo con sus amigos a las afueras del liceo, encendió su ordenador para seguir conversando con ellos el tema que había nacido en las aulas de clases. Y escribió en una ventana de conversación grupal:
—¡San juan es mañana!
Lestat - La belleza siempre viene con oscuros pensamientos…
“que haremos? Tendremos que hacer algo, el solsticio es solo una vez al año.”
Edgar - A la muerte se le toma de frente con valor y después se le invita a una copa.
“Hagamos las pruebas de San Juan.”
Lestat…
“Dale! Dicen que a las 12 se aparece el diablo. Podríamos esperarlo”
Bastían - El que ve no siempre cree, pero el que cree siempre ve…
“pero no aparece si lo esperas, tienes que salir justo a las 12 y lo verás pasar.”
Amy - Góticos, extraños frutos de un mundo perfecto que aún no existe…
“esa es para ver a tu futura pareja no para ver al diablo”
Lestat…
“esque yo amo a satan ”
Edgar…
“jajajaja… aparte de posero gey :P”
Para Bastían el tema en consideración era de mucho interés, había escuchado de personas que efectivamente lograron ver a Lucifer pasearse por las calles, entre otras leyendas que abundan en las historias del campo y en la boca de los cristianos. Y sus más grandes deseos siempre fueron poder verificar su existencia: tanto de Dios como del Diablo, pero la infantil actitud de sus amigos ante todo tema de conversación que expusieran le enfadaba; y tras varios minutos de comentarios sin sentido llegaron a un acuerdo puntual.
Helen - Vivir esperando la muerte constituye una existencia lamentable...
“podríamos ir al cementerio.”
Edgar…
“no es malo.
Pero como entramos? :/”
Lestat…
“Pero si es fácil
es cosa de entrar en la tarde y quedarse adentro escondido entre las tumbas cuando cierran.”
Edgar…
“ya lo has hecho?”
Lestat…
“nop
unos amigos siempre lo hacen, yo nunca he ido :/”
Edgar…
“pero no hay guardias?”
Amy…
“yo no me escondería sola entre las tumbas me da miedo. si ustedes me acompañan lo hago. ¿Pero sola?... prefiero aburrirme viendo la tele.”
Edgar…
“como no lo encontraron? aparte sueltan los perros en la noche. yo igual me quedo: no le tengo miedo a los muertos, me preocupan más los vivos.”
Bastían por ese momento se limitó a leer los comentarios de sus amigos, el chat era un desorden cuando no estaba Demian. Él siempre normalizaba todo para poder seguir una conversación agradable. Pero en su ausencia, Edgar no paraba de quejarse o tomar todo como un juego, Amy siempre le seguía creyendo cada palabra que este escribiera, Lestat disfrutaba de contradecir a todos sentenciando su opinión como la única verdadera; es por eso que solo permaneció leyendo lo que el resto escribía mientras ponía su lista de reproducción a funcionar.
Demian - Tener fe significa no querer saber la verdad.
“Perdón, estaba sirviéndome algo que comer.
¿Alguno de ustedes entendió la tarea de lenguaje?”
Bastían…
“¡AL FIN LLEGAS!
Ya me estaba desesperando con las peleas de estos dos. Es súper fácil, te mando mis respuestas al mail, ya la termine “
Edgar…
“DEMIAN!
Comida se llama ahora el porno?? ”
Bastían...
“para que no tengas que leer las idioteces de Edgar
estamos hablando de la noche de San juan :P”
Helen…
“Si, queremos ir al cementerio”
Demian…
“Pfftt… pero San juan es mañana, sin mencionar que el solsticio es en el hemisferio norte; las energías no afectan del mismo modo las corrientes del hemisferio sur. ¿Alguien se atreve a una roleada de Vampiros La mascarada? “
Bastían…
“Dónde
yo voy !!!!
*-*”
Demian…
“el que quiera ir que llegue a mi casa en un hora, hora y media máximo, y vamos.
Se aceptan hojas de personaje ya jugadas pero que no superen la séptima generación, el que tenga un “Caín” de personaje déjelo en la casa, porque el Javier si ve un personaje tan fantasioso le hará pagar con “la mano de Dios” :P.
Y traigan música, y plata para cervezas.
Yo ahora me voy a cambiar de ropa que aun ando con el uniforme xD.
Au revoir”
Bastían…
“Dale, me cambio y voy.
Tampoco me he sacado el uniforme xD
Ciao”
Bastían finalizó sesión sin leer las respuestas de sus amigos, quienes continuaron con la conversación.
No era común ver a Bastían tan apresurado para hacer sus cosas; entre todo lo heredado de su padre, tenía la calmada personalidad que le caracterizaba hacía catorce años. Pero tenía solo una hora para llegar a la casa de Demian, que vivía a quince minutos de la suya, lo cual solo le dejaba cuarentaicinco minutos para arreglarse; una tarea casi imposible para un joven de su estilo. Luego de una fugaz ducha de agua caliente corrió a su habitación para vestirse con sus mejores ropajes: sus zapatos Berluti, modelo “Black Monk-Strap”, por fortuna se encontraban bien lustrados; como no lo iban a estar, su padre odiaba ver mal lustrados esos zapatos que tan caros le habían costado para satisfacer los caprichos de su hijo, Unos pantalones de lana seda negros, una chaquetilla sin mangas de un diseño muy similar a las que se usa para la esgrima; color carmesí, una camisa negra de raso y su infaltable abrigo estilo sotana aterciopelado y de color negro; esta era la combinación perfecta de sus mejores ropas. Y ya estando vestido, en cortos diez minutos, comenzó con lo más arduo y extenuante de sus preparativos: su “ritual” de maquillaje. La estética y buena presencia eran uno de los factores más importantes para Bastían —en su oscuro círculo juvenil prevalecían estos conceptos como si de una batalla se tratase—: una vestimenta ostentosa y elegante, en conjunto de un bien labrado maquillaje facial, eran su carta de triunfo para llamar la atención de todos quienes estén en el lugar —sin mencionar su ególatra y manipuladora forma de ser—; principalmente de las amigas de Demian que esperaba conocer con ansias, y por esta razón era inapropiado salir a juntarse con sus amigos sin estar bien vestido, con una capa de polvo blanco en su rostro y un fino delineado en sus ojos que siempre complementaba con un delicado y atractivo diseño, pero esa tarde ya no tenía tiempo para crear un delineado personalizado. Y tras haber transcurrido treintaicinco minutos de la hora que tenía, se dio a la última de las fatigantes labores de antes de salir: convencer a sus padres para que le dieran permiso.
Su padre se encontraba en su estudio personal, una habitación del segundo piso de la casa en la cual tenía su gran colección de libros, mientras que su madre, a esa hora, estaba recostada descansando en la recámara. Primero pidió el permiso de su madre y, como de costumbre, fue enviado a donde su padre, él cual simplemente respondió:
—¿qué dijo tu madre?
—Dijo que no había problema, pero tenía que consultarlo contigo.
Bastían ya tenía práctica en manipular las respuestas de sus padres para su beneficio: los conocía muy bien, y sabía el cómo y qué preguntar para obtener la respuesta que deseaba.
—Desabotónate la camisa —ordenó su padre, antes de dar una respuesta.
—Lo llevo puesto, padre —respondió Bastían, enseñándole el medallón que él mismo le había regalado en su primer día de clases—. Sé que es un importante regalo de mi abuelo, y como ordenaste… nunca me lo quito.
—¿Dónde estarás? —continuó Daniel, con su habitual interrogatorio de aquellas ocasiones.
—En la casa de Demian. Si quieres, cuando llegue a su casa te llamo y hablas con su madre.
Daniel hizo un pequeño movimiento de aprobación con su cabeza.
—Pero llega temprano —sentenció, sacando lentamente su billetera—. Conozco esa cara, Toma. —Le entregó cinco mil pesos—, lo descontaré de tu sueldo.
—¿Por qué no me lo das y ya? —sugirió Bastían, mientras recibía el dinero—. Te debo casi todo el sueldo de este mes: deberás extender mi contrato para las horas después del colegio —finalizó con una pequeña sonrisa en los labios.
—vete antes que cambie de opinión, y de todos modos te pago por hacer nada. Cuando estás en la tienda, solo holgazaneas leyendo la mercancía o jugando con el ordenador.
—Sigo tus pasos papá —sentenció, sin despegar de su rostro la infantil sonrisa, y despidiese con la mano a la distancia, salió.
Luego de juntarse con su amigo y finalizar la coartada telefónica con la ayuda de la madre de Demian, quien siempre era cómplice en sus andanzas, salieron a la casa del máster*; a unas veinte cuadras de distancia, las cuales caminaron con tranquilidad, conversando de las características de sus personajes de rol para forjar una alianza en el juego.
—siento que algo no está bien —indicó Demian, cambiando abruptamente el tema de su conversación y analizando de reojo las desoladas calles nocturnas.
—Yo tengo una sensación de euforia —complementó Bastían—, desde aquella vez que perdí el control cuando nos trataron de asaltar que no me sentía de este modo.
—esa vez peleaste como una bestia, no sabia que tenias tanta fuerza —continuó Demian, sin quitar su atención de los alrededores—; pero esto es distinto, tengo un calor en el pecho y mi cuerpo quiere salir arrancando; No sé, es extraño.
—¿quieres que volvemos? Podemos ir a otro lado o jugar online toda la noche, creo que hay evento en el server* —dijo Bastían, preocupado por la actitud de su amigo.
—No es necesario —respondió, rápidamente, Demian, esforzándose para tranquilizar su cuerpo—. Además, hace mucho que no juego Mascarada y va a ir una amiga que quiero ver hace mucho.
—Vas de cacería —afirmó Bastían empujando a su amigo desde las espaldas y obligándolo a comenzar a trotar—. Espero que no sea la única mujer en la fiesta.
Demian, ya más tranquilo, igualo la velocidad de Bastían.
—Estará lleno. —sentenció, a lo que Bastían sonrió con picardía.
Las preocupaciones y las extrañas sensaciones fueron olvidadas mientras hablaban de las amigas de Demian y de uno que otro tema irrelevante que para ellos era de suma importancia.
—¡Que Demonios! —exclamó Demian, deteniendo la afable conversación y quedándose estático mirando hacia los techos de las casas, que rodeaban la pequeña plaza en la que se encontraban.
—¿Qué pasó? ¿Qué viste? —consultó Bastían, tras la repentina expresión de terror de su amigo y tratando de encontrar algo sobre las techumbres.
—No sé… creí haber visto la silueta de una persona ahí enfrente, y cuando la vi saltó sobre ese techo —afirmó Demian, exaltado y sin poder ocultar el miedo de su rostro.
Bastían soltó una breve carcajada seguida de una fugaz sonrisa, y dijo en tono de broma:
—tira los dados con dificultad nueve para su persecución.
—¡Es en serio Bastían, no estoy mintiendo! Vi algo que saltó hacia los techos. Y fíjate en el cielo, algo raro pasa —aseveró, de forma impaciente.
—¡Fue el chupa-cabras! —Continuó Bastían, alzando la voz en la última palabra, expresó una clara burla a su cobarde amigo, para luego retomar el paso y la conversación, sin poder desprender la risa de sus labios—. Vamos que ya quiero conocer a la Selene.
Demian observó indignado el dramatizado rostro que su amigo actuó para sus burlas, en realidad era más molesto para él que no le creyera más que la mofa en sí.
—Aunque no me creas sé lo que vi: sabes que desde siempre he tenido una percepción mayor a la de los demás, y ese tono rojizo en el cielo no me gusta: siento algo extraño en el aire. No sé, es como… una energía distinta a cualquier otro día.
—Debe ser por San Juan —expresó Bastían, dejando de reír al comprender, por el rostro de Demian, que su broma no fue bien tomada por su amigo y miró con más detalle el nuboso cielo nocturno encontrándose con una luna llena, levemente, enrojecida en sus bordes —.puede que tengas razón.
La luna que en el momento de salir de sus casas se veía de un blanco puro e inquebrantable, en esos momentos se comenzaba a teñir de carmesí, como si el odio y la sangre la corrompieran hasta dejar de existir. Y luego de pocos pasos en los que buscaron explicación a lo que Demian decía haber visto y la desconocida fase lunar que presenciaban por primera vez, el teléfono móvil de Bastían comenzó a sonar rompiendo el silencio de la calle que a esas horas, extrañamente, estaba despoblada.
—Es mi papá, no hables incoherencias mientras contesto. Le molesta que hablen de temas sobrenaturales.
—No te preocupes, sé que es miedoso para esos temas, mi padre es igual —respondió Demian, mientras Bastían contestaba su teléfono.
—Si, papá, ¿Qué pasó?
—vuelve a la casa. No quiero que salgas hoy—decretó Daniel, sin razón aparente.
—¿Le pasó algo a mi madre? —preguntó, alarmado, cuando en su mente recreaba lo peor.
—¡Ni los dioses lo quieran, hijo! Es solo que quiero que estés aquí. Necesito ayuda con unas cosas. Así que apúrate.
— ¡Tha!… Papá, mañana te ayudo con lo que sea, pero en serio, si ya me dieron permiso no voy a volver porque de un momento a otro se te ocurrió que regresara.
—¡Bastían no estoy jugando. Quiero que vengas ahora mismo a la casa!
—Ya, si, tienes razón. Mañana hablamos. Y castígame todo lo que quieras, de todos modos me vas a castigar al llegar a la casa: solo súmalos, y no te preocupes que estaré bien. Por lo demás, no me vayas a buscar a la casa del Demian. Salió otro panorama, ahora estamos en la calle, en dirección a donde Jorge para jugar rol. Buenas noches —finalizó la conversación y apagó el móvil, sin escuchar los reparos de su padre.
—¿Qué pasó? Y ¿Quién es Jorge? —preguntó Demian, cuando Bastían apagó su teléfono móvil.
—Ah, lo inventé recién. No me acuerdo cómo se llamaba el máster. Parece que encontraron el examen del martes; lo hubiese botado en el camino, se me olvidó sacarlo del bolso —contestó, pasándose una mano por la cabeza—. De todos modos me iban a castigar por la calificación: sumarle a eso una salida con permiso previo no será gran cosa, a lo más estaré sin internet por unas semanas.
Los jóvenes continuaron su camino conversando de lo ocurrido en clases, en especial del examen en que Bastían había obtenido un 3,5 de calificación, muy por debajo de los estándares que aspiraba su padre para él. Entre otros temas que rápidamente cambiaban sin conexión alguna, siguieron su camino, y llegaron en pocos minutos a la casa de Javier.
Al lugar ya habían llegado los otros jugadores. Javier, quien era el master y dueño de la casa invitó al grupo a pasar y luego de una breve presentación se reunieron en la mesa de comedor a jugar Vampiros La Mascarada.
Estuvieron casi cuatro horas en las que se pasaron entre vampiros, hombres lobos, cazadores, música oscura y cerveza; cada jugador sabia a la perfección la funcionalidad de su personaje, lo cual hacia más ameno el trabajo del master y mucho más fluida la crónica: haciéndoles disfrutar confortablemente de las enseñanzas de la Camarilla* y las reprensiones del Sabbat*. Entre sus expectativas no se encontraba el hecho de cambiar de juego, hasta el momento en que uno de los presentes sacó la idea indicando que ya era el día de san Juan.
—San Juan es mañana —replicó Javier, mientras lanzaba los dados para saber si la vida de Demian podría ser salvada.
—De hecho, ya estamos en San Juan —comentó Demian, mientras llenaba su rostro de alegría al ver por primera vez las tres Ankh*, indicando una tirada perfecta.
—Cuando terminemos la historia, podríamos hacer la ouija —volvió a interrumpir Diego, con una mirada retadora, arqueando la ceja y plasmando una leve sonrisa.
El grupo entero se mofó de las palabras de su amigo hasta que la historia creada por Javier finalizó, y luego de repartir los puntos de experiencia ganados la atrayente proposición de Diego fue tomada en cuenta.
—¿Sabes como se hace?... ¿En donde la podríamos hacer?... ¿La has jugado alguna vez?... ¿Queda alguna cerveza? —fueron algunas de las preguntas que en lluvia se lanzaron a la mesa.
—Las cervezas están en el refrigerador —contestó Javier, sin siquiera identificar a quien hizo la inapropiada pregunta, en comparación al tema que trataban.
—Yo nunca he jugado —indicó Diego—. Es por eso que quiero hacerla, me han dicho que si funciona.
—Yo la he hecho —dijo débilmente Fabián, al cual todos tomaron atención—, pero mi primo era el médium* —se apresuró a completar, nervioso al ver la atención que le prestaban.
—Yo puedo hacer de médium —continuó Demian, con voz oscura y una intrigante sonrisa en el rostro—, pero necesitamos en donde hacerla.
Los jóvenes entre todos buscaron en las cercanías, mostrando desde vidrios hasta cartones; Pero a todo Demian respondió “no”, gozando de su conocimiento superior.
—¿Qué tal esto? —Indicó Selene, mostrando un corta cartón y la parte trasera de su croquera.
Demian finalizó la búsqueda de sus amigos afirmando que era perfecto y, rápidamente, comenzó a tallar en el cartón piedra el abecedario, los números del 0 al 9, un “hola”, un “Si”, un “no”, un “adiós”, un sol y una luna en los extremos superiores, y por ultimo un pentagrama en el centro del improvisado tablero.
—Está listo —sentenció, inhalando y exhalando, bruscamente, por la boca—. Los que van a formar parte del vinculo que hablen ahora. —Recibiendo en coro las solicitudes—. Les advierto que al más mínimo indicio de miedo el espíritu podría entrar en ustedes: yo seré el vínculo, no el responsable de sus debilidades. —Detuvo sus palabras con una sonrisa en los labios, y mirando de reojo a su alrededor.
—No me quedare mirando —dijo Bastían de forma inmediata posando su índice sobre el pequeño frasco de cristal que usaban como vinculo.
—Yo igual —afirmó Diego en tono serio, dejando caer su índice sobre el cristal.
—Yo la he hecho —expresó Fabián, repitiendo la acción de los demás.
—Es mi croquera —dijo Selene, entre risas al posar el dedo sobre el recipiente.
—Con nosotros cinco es suficiente, los demás mirarán, si van a traer cerveza, que sea ahora —decretó Demian, gozando el liderazgo que poseía en el momento.
Javier aprovecho de traer unas cuantas cervezas mientras los demás muchachos aprovecharon de cambiar la música por una más tétrica y orquestada, y prendiendo un cigarrillo Demian continuó:
—Te invoco y te convoco, alma inmortal. Ser dimensional que obras a mi favor pido tu fortaleza y protección ante el tablero que he marcado —guardó silencio un instante, sintiendo un fuerte escalofrió que produjo un involuntario espasmo en todo su cuerpo, mientras todos permanecían en un solemne silencio continuó—. Si hay algún espíritu en este lugar que desee contactarse, ve al “si” —tras no hallar respuesta, enfocó su vista en el vínculo y murmuró—. Suelten un poco el vaso, no lo tienen que presionar. —Para luego repetir—. Si hay algún espíritu en este lugar que desee contactarse, ve al “si”.
Luego de reiterar por tercera vez la misma frase, un leve movimiento del vaso provocó que todos los presentes exclamaran del asombro y la emoción.
—Es muy débil —sentenció Demian, al ver el costoso movimiento del vaso—, tendré que fortalecerlo. Espíritu que has respondido a mis plegarias, te despido por este instante —dijo forzando el movimiento del vaso hacia el adiós, para luego separar el vínculo del improvisado tablero, girándolo a la vez y volviéndolo a su posición.
—¿que vas a hacer? —Preguntó Bastían, al ver que su amigo tomó entre sus manos el corta cartón.
—Fortalecer el vinculo —respondió, moviendo la hoja de la navaja hacia fuera de la protección del plástico—, faltan energías —dijo haciendo un leve corte en el dedo índice de su mano derecha—. Con esto bastará —afirmó, marcando tanto el tablero como el baso con su sangre.
Y como en un principio, los cuatro posaron su dedo sobre el manchado vaso y volvió a repetir la plegaria, esta vez hallando respuesta con solo una consulta. El vaso se deslizó lentamente por el cartón deteniéndose sobre el “si”. Todos los presentes lanzaron, en coro, un suspiro de asombro. Y Demian pregunto:
—¿Cuál es tu nombre?
M.A.R.T.A. indicó, de forma pausada, el vínculo sobre el tablero mientras todos coreaban en voz baja las letras que mostraba.
—¿Qué haces aquí? —consultó, siguiendo su papel de médium, mientras Javier trataba de ocultar su miedo e incredulidad.
“N.i.e.t.o”, volvió a apuntar lentamente el tablero.
—¡Abuela! —exclamó del asombro Javier, prendiendo nerviosamente un cigarrillo.
Todos sus amigos le miraron al escuchar su grito, y el vaso, en un fuerte y rápido movimiento, se posó sobre el “si”, en el momento en que nadie veía en dirección al tablero.
—Es el nombre de mi abuela que murió hace tres años más o menos, en la pieza que yo uso ahora —explicó a los demás con los ojos abiertos casi cómicamente.
—Pregúntale lo que quieras saber —indicó Demian, volviendo a concentrarse en el tablero.
—pregúntale ¿Qué hace todavía aquí? —dijo Javier, consumiendo casi la mitad del cigarrillo en una aspiración por los nervios.
El vínculo se deslizó suavemente por el tablero; C, I, E, R, R, E, N, L, A. Repitiéndose constantemente.
—¿Cerrar qué? —consultó Demian, lo cual fue respondido con la misma palabra una y otra vez—. Es mejor que dejemos esto —dijo a los demás, luego de sentir una fuerte presión en el pecho y un nuevo escalofrió, más fuerte que el anterior.
—Olvídalo —respondieron sus amigos, indicando distintas escusas para no finalizar la sesión.
Un rápido deslizar del vaso, produjo que Selene y Diego resbalaran sus dedos soltando el vinculo.
—¡Demonios! —exclamó el médium—, rompieron el vinculo —dijo al percibir extraños movimientos circulares, cada vez mas veloces, sobre el tablero— Bastían, saca el dedo… cerraré esta cosa —indicó, en el momento exacto en que el vaso se detuvo sobre el “Adiós”.
Un pequeño silencio de miradas cruzadas se apodero del lugar luego de que el tablero se estabilizara. Demian trató de forzar el movimiento del vaso, para cerrar el vínculo, pero sus intentos fueron en vano, pese a usar toda su fuerza el vaso no se movía de su posición.
—No juegues —dijo uno de los presentes, al ver al médium esforzándose para sacar el vaso del tablero.
—¡No se mueve! —enfatizó, intentando moverlo con las dos manos.
El resto de los presentes también trataron de ayudar a mover el vínculo que se encontraba pegado en el adiós, sin poder sacarlo de su posición. Un fuerte deslizar del vaso hizo que todos lo soltaran al mismo tiempo, y sin contacto alguno con los presentes, se comenzó a mover de forma circular sobre el tablero, hasta detenerse sobre la letra “P”. Los jóvenes dieron un paso para alejarse de la mesa al ver el espontaneo movimiento, mientras el vínculo volvió rotar haciendo círculos, para detenerse de vez en vez y volver a su recorrido, hasta formar la palabra “Púdranse”, y finalizar en el adiós.
El grupo cruzó miradas entres sí ordenándose a acercarse al tablero sin siquiera hablar. Sus miradas bastaban: el miedo se podía leer en los ojos de cada uno de los presentes, y luego de un momento Bastían dio un paso en frente.
—Hay que temerle a los vivos no a los muertos —dijo, auto infringiéndose valor, mientras sacaba sin problema alguno el vaso de sobre el cartón—. Ven, no fue gran cosa
Un fuerte viento cerró de golpe la puerta de entrada en el momento en que Bastían tomó en su mano el vaso. Los temerosos adolescentes saltaron en el lugar que se encontraban al escuchar el portazo y Bastían dejo caer el vaso antes de lograr posarlo sobre la mesa, produciendo un agudo ruido al quebrarse. Por segunda vez los jóvenes saltaron de miedo, para luego reírse de su infantil forma de reaccionar.
—Fue solo el viento… y el vaso —dijo Javier, con una nerviosa carcajada.
Un nuevo estruendo, esta vez desde la planta alta, les hizo enmudecer y se quedaron mirándose unos a otros esperando que alguno se atreva a ir en busca de respuestas o alejarse de esa casa. Dos nuevos ruidos similares a los pasos de un robusto hombre hicieron que corrieran aterrados hacia la puerta de entrada, y cuando pudieron abrir la puerta de la casa sintieron un fuerte temblor de la tierra que movió todos los objetos, y nuevos ruidos de quebrazón de vasos los hizo correr a toda velocidad hacia la plaza de enfrente de la casa.
El movimiento de la tierra cesó, aliviando en parte los miedos del grupo de amigos.
—Fue un temblor —musitó aliviado en una exhalación de aire Bastían—. Si que nos ha asustado —rio, nerviosamente, negándose que lo vivido tenga causas sobrenaturales.
—Sí, tienes razón, solo fue un temblor —indicó Javier, auto convenciéndose de que lo fuese—. Mejor entremos por unas cervezas y la tomamos en el jardín.
El resto de los jóvenes asistieron y caminaron detrás de Javier y Bastían. Demian, por su parte, no se atrevió a volver a entrar, guiado por su aguda sensibilidad se concentro en la luna, que se encontraba bañada de un rojo oscuro, carmesí.
—Así es que esto es la luna roja —susurró, sin quitar sus ojos de la casi imperceptible luna oscurecida.
En el interior de la casa estaba todo en calma, pese al desorden provocado por el temblor, Bastían se limitó a tomar las botellas que rodeaban la mesa y así salir lo más rápido posible de aquella casa. Pero al tomar una de las botellas, que aún tenía cerveza en su interior, nuevos pasos se escucharon, esta vez con mas fuerza, bajando las escaleras. Un viento frío nació desde aquella posición arrastrando las hojas de personaje que aún se mantenían en el mesón.
Javier, ante tal espectáculo corrió velozmente guiado por el temor, dejando a Bastían detrás. El cual no pudo hacer nada más que mirar como ante sus ojos se formaba una oscura figura entre las sombras.
—¡Bastían ven corre! —gritó Javier, desde la puerta de entrada.
Pero su amigo no hacia caso, parecía como si no pudiese escuchar sus desesperados gritos, pese a la corta distancia.
—¿Qué haces aquí? —increpó, con una oscura y severa voz, exigiendo una respuesta rápida.
La sombra se acercó a él, pero el miedo ya no existía en su mirada. Su cuerpo adoptó una amenazante postura y su rostro, desfigurado, enfocaba la ardiente mirada en un punto efímero del espectro,
—¡Responde! —ordenó hacia la oscuridad, de tal manera que pareció sacar una voz doble.
Demian dejo de concentrarse en la luna al ver salir a sus amigos horrorizados y que entre ellos no estaba Bastían. Corrió hasta la puerta y al ver que la sombra se acercaba a su petrificado amigo se aferró a las pocas agallas que le quedaban y continuó a su máxima velocidad para sacarlo del lugar.
—¡Salgamos rápido! —gritó al no poder mover a Bastían, aterrándose al cruzarse con su mirada.
—No te metas Demian —sentenció, lanzándolo contra el muro, de un simple empujón—, esto es entre este maldito y yo.
—¡De que mierda estas hablando! —exclamó, dando un fuerte puñetazo en el rostro de su amigo.
Bastían hizo caso omiso al fuerte golpe, que pareció no afectarle y avanzó dos pasos hasta encontrarse frente a frente con la aparición que ya tomaba una forma casi humana.
—Conoces mi nombre, y aun así te atreves a desafiarme —expresó de forma arrogante.
La desfigurada aparición creció en porte ante las palabras de Bastían y, sollozó con una gutural voz psicofónica, formada de mil de voces.
—Aún no eres tú.
La sombra lanzó un oscuro ataque, que parecía un puñetazo, al pecho de Bastían.
Demian, quien se encontraba aún junto a su amigo, se interpuso recibiendo de lleno el golpe que cruzó hasta sus espaldas, de forma espectral.
—¡Te he dicho que no intervengas, Demian! —enfatizó Bastían, disgustado y viendo fríamente a su amigo mientras este se retorcía de dolor.
—no puedes hacer nada contra esto. Por Dios. Reacciona —dijo, apagando su voz al desplomarse contra el piso.
—¿Dios? ¡yo soy Dios! —exclamó con voz tronante, reprochando las palabras de su amigo, y tomándolo con su mano antes de caer lo lanzó contra un sofá a unos metros de distancia.
—Por mi señor Bel, morirás —espetó la aparición, lanzando un nuevo golpe, el cual no pudo tocar el cuerpo de Bastían.
Una oscura risotada invadió el lugar, mientras Bastían se preparaba para dar un golpe que parecía estar enfundado en fuego.
—¡Púdrete maldito legión! —increpó, con la voz distorsionada, asestando con su golpe en la parte alta de la oscura figura. Haciéndola desaparecer al instante.
El rostro y cuerpo de Bastían se calmó por completo al eliminar el ente, y desorientado se acercó y apoyó a Demian, para sacarlo del lugar.
Ya estando a las afuera de la casa, sus pasos fueron detenidos por una anormalidad. Un rojizo resplandor cubría el oscurecido cielo. La luna estaba teñida en sangre, a punto de desaparecer como si se tratase de un eclipse. Pero no lo era. Simplemente adoptaba un tono más sangriento con el pasar de los segundos. Por unos instantes el espectro invocado por la ouija pasó a un segundo plano; pero al sentir un nuevo estruendo desde dentro de la casa volvió a ser prioridad.
—¿Que haremos con esa cosa? —Preguntó Demian, con la voz agitada y nerviosa, retornando a la conciencia y al dolor—. Yo fui el que lo llamo… nunca debimos jugar con los espíritus —continuó, costosamente, mientras trataba de caminar por cuenta propia.
—¿con qué cosa? —respondió Bastían a su amigo, completamente perdido de donde se encontraba, sin saber que había ocurrido en el lugar.
—Bastían —Se escuchó a la distancia.
Era la voz de Cristian. Quien con el tiempo se había convertido en el mejor amigo de su padre, pese a ya no trabajar en la tienda mantenían un muy cercano contacto.
—¿Qué hacen aquí a estas horas? —consultó al acercarse al grupo.
—Vemos la luna roja—respondió sin quitar sus ojos de la luna.
Era la única respuesta que podía dar, no recordaba en lo absoluto lo ocurrido los últimos minutos. Y si lo hubiese recordado, la respuesta seria la misma: si su padre se enteraba de lo que pasaba, lo hubiese castigado severamente. Conoce el comportar de su padre ante esos temas, así como también su extremista reaccionar.
—¡Ahí viene!—exclamó Selene, aterrada, luego de escuchar un ruido de alguna parte de las cercanías.
—¿Quién? —Consultó Cristian.
—El demonio —respondió Demian, con voz débil pese a usar todas sus fuerzas.
Una casi fingida carcajada desprendió Cristian antes de responder.
—El demonio no existe.
—Ve a verlo con tus ojos —dijo Javier, indicándole que entrase al lugar.
Cristian continuando con una mascara de incredulidad ante los jóvenes, ingresó a la casa prendiendo las luces, que se encontraban apagadas, cerró la puerta a sus espaldas y luego de unos instantes volvió a salir.
—Aquí no ahí nada más que los restantes de una buena fiesta, y esto que estaba botado entre las botellas —dijo mostrando la ouija entre sus manos—. Es un interesante juego para San Juan, pero se adelantaron un día —finalizó sonriendo.
Mientras la luna volvía a reaparecer con un leve difuminado, lo cual daba la certeza de que no se trataba de eclipse o algo por el estilo. Los jóvenes aún choqueados por los acontecimientos que presenciaron, se acercaron con cautela para cerciorarse que aquel ser ya no se encontraba en el lugar.
—Toma —dijo Cristian, a Bastían entregándole el tablero.
—Quédatela, no quiero esa cosa cerca —respondió dejándola caer.
Cristian levantó el tablero limpiándole la tierra.
—¿Están seguros que no la quieren? Les puede servir para jugar otra vez. Y no te preocupes, no le diré a tu padre que estabas jugando con esto: se como se comporta con estos temas. Es mejor guardar el secreto. —finalizó guiñando el ojo.
Como ninguno de los jóvenes quiso acercarse al tablero, Cristian decidió quedarse con el, mientras el resto de los jóvenes se agruparon para comentar lo sucedido sin entrar a la casa, mas que solo para sacar las cervezas que aún estaban guardadas en el refrigerador y sobre la mesa del comedor, llamó a Demian para conversar en privado.
—Dime, ¿Qué pasó aquí? —ordenó Cristian, mientras Demian costosamente se le acercaba.
—Dime tú lo que esta ocurriendo —exigió, desafiante a la pregunta de su vecino.
—Responde cuando te hablan —agregó Cristian, con voz de mando—, o no te ayudare con la maldición que te aqueja.
— tú no eres un simple hombre que pasa por aquí a estas horas, te he visto en muchas cosas raras y he sentido grandes energías desde tu casa. Estoy seguro que has venido sabiendo que algo extraño ocurría —manifestó Demian, aseriando su mirada y tratando de incorporarse en una posición desafiante.
—Que impertinente —alegó Cristian, exhalando aire abruptamente antes de completar—. Como bien te indican tus presentimientos, vine por que ustedes han cruzado una línea peligrosa: estas son cosas con las que no deberían jugar —movió la ouija en el aire, con actitud de reproche.
—¿Qué mierda fue todo eso? —preguntó Demian, enfatizando en cada palabra, como si ordenase que le respondiera.
—Que molesto —afirmó de forma despectiva, posando su mano sobre la frente de Demian—. Ya veo —continuó luego de unos segundos—, les tomo por sorpresa un legión —y soltando aire, como si tratase de reír—. Y tratando de salvar a Bald-Bastían, obtuviste esa marca en el aura. No era necesario, tus recuerdos no me dicen mucho luego de ese instante pero puedo deducir la mala suerte de ese diablillo.
—¿De qué hablas? —interpeló, enfatizando con más fuerza en su pregunta al haber recuperado sus fuerzas, por completo, y sanado del dolor que sufría.
—Podrás conocer los detalles con el tiempo —respondió Cristian, suavizando su voz—. Sé que eres uno de los mejores amigos de Bastían, es por eso que lo estoy comentando contigo; por eso y porque has nacido con una facultad que no todos tienen —continuó sonriendo—. En un tiempo más podrías saber mejor de lo que estoy hablando… tu potencial es grande, pero tus conocimientos son básicos en el tema. Pese a tener la fuerza necesaria para controlarlos eres un completo ignorante en ese sentido.
—¡¿Qué tienes que ver con Bastían?! —preguntó, exaltándose aún más al tomar esas palabras como un insulto.
—No te lo puedo decir. Solo puedo advertirte que no vuelvan a jugar con estas cosas, y mañana en la madrugada ni se les ocurra entrar al cementerio como lo están planeando. Hablo contigo porque tienes una opinión de peso en tus amigos debido a tu personalidad, y porque comprendes el peligro que acciones como estas conllevan.
—Responde a mis preguntas o seré el primero en dar la idea de ir al cementerio y volver a tallar un tablero —amenazó, con una actitud maligna un tanto dramatizada.
Una pequeña risa nació del aire exhalado por Cristian antes de contestar:
—Eres muy cercano a Bastían y por eso sus hilos fluyen en una corta distancia. Te ofrezco esto. —Se detuvo como si pensara más a fondo sus palabras—… te ofrezco los conocimientos que puedan controlar tus fuerzas, pero a cambio deberás alejar a Bastían de toda situación que lo acerque a estos ámbitos. Si aceptas te diré las razones de todo, si no… recordaras lo ocurrido esta noche como un extraño sueño producido por el alcohol o una muy buena crónica de rol.
Mientras su conversación continuaba la luna comenzó a brillar más blanca que de costumbre. Los jóvenes habían retomado su crónica de rol, y continuaban la velada como si nada hubiese pasado. Los miedos al ente que causó estragos por un momento en la casa de Javier habían desparecido de las mentes de los presentes. A esas alturas, solo Demian y Cristian lo recordaban como realidad.
—Podrás hacer esto y más —le tentó, dando a entender que la tranquila actitud de sus amigos fue causada por él—. Si aceptas entraras a un mundo que solo pocos conocen: un mundo infinito, fascinante y misterioso. Aprenderás de mí y seguirás mis reglas. Olvidaras para siempre tus miedos al ver una sombra en medio de la calle que desaparezca de un salto por los techos. Podrás protegerte, tanto a ti mismo como a tus amigos, de cosas como las de hoy; Serás lo más cercano a un dios, ante los mortales; solo debes negarte a los deseos de Bastían por su bienestar futuro, y cuando llegue el día caminaran juntos al destino de los dioses.
Demian parecía hipnotizado por las palabras de su vecino, y mientras pasaban por su mente infinidades de fantasías y avaricias, simplemente respondió:
—Hecho.
Dejando en claro seguir sus reglas a cambio del conocimiento prometido.
Cristian, por su parte, miró satisfecho a su nuevo discípulo y luego de indicarle que regresara a jugar como si nada hubiese pasado, regreso por el mismo camino por el cual llego, dejando en los bolsillos de Demian un pequeño papel que decía:
“Mañana a las 22:47, en mi casa. Se puntual”
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